¿Qué hacemos con lo cotidiano, con las vistas diarias? ¿Por qué sólo fotografiamos la belleza o los momentos compartidos? ¿Por qué sólo queremos recordar lo extraordinario? Y lo ordinario? Y lo corriente? Si desde una prenda, una textura o los restos de la noche anterior nos transportan casi metafóricamente a un instante que ya no será.
La fotografía es tan subjetiva que me alivia despertar y tener una cámara al alcance de mi mano para eternizar libremente lo que me transporte.
Será que no me alcanza con detener el tiempo con la mente.
Será que hasta el mínimo rayito de luz es un tesoro sublime para mi mirada fotográfica.
¿Será quizás el miedo a olvidar que nace inconscientemente en mi y asocia la cámara con la memoria e indiscutiblemente con la identidad?
Registro de una ausencia cotidiana, cada domingo del mes de Diciembre (2019)-Buenos Aires, Argentina.